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No te azotes


Esta Semana Santa habrás visto unas cuantas procesiones en directo, o por televisión. Los costaleros sufren bajo el peso de las imágenes del paso y los disciplinantes de la cofradía se azotan, buscando la redención. Es mucho mejor no hacer cosas de las que te tengas que arrepentir después, en vez de hacerlas y luego pasarlo mal sufriendo para redimirte. Pero la mayoría tendemos a juzgarnos con más severidad de lo que lo hacen los demás, así que siempre tenemos una cuenta pendiente.

Por eso, cuando la gente se ve grabada hablando en público, tiende a decir que lo ha hecho todo fatal. En realidad, todos hacemos algo muy bien o por lo menos mejor que la media. Lo que tenemos que hacer es buscar ese algo para tener un principio sobre el que sentirnos seguros, olvidando el castigo al que nos sometemos a nosotros mismos y centrándonos en mejorar una cosa cada vez.

Tan solo el 5% de los presentadores empiezan su autoevaluación diciendo lo que creen que han hecho bien. El resto, aunque se lo preguntes, no lo encuentra, y se machaca con todo lo que cree que hace mal. Las dos áreas de la actuación propia que acaparan más comentarios negativos espontáneos son el sonido de la voz, y el movimiento de las manos. El resto de lo que puede ir mal relativo al estilo al presentar no se intuye, sino que se aprende a identificar.

El sonido de la voz es lo primero que llama la atención si nunca te has visto presentando, porque te suenas diferente. Tu caja de resonancia es la cabeza, y te oyes a ti mismo con la voz filtrada por el sonido interior que solo oyes tú. Cuando te oyes sin el filtro, no te gustas porque no eres tú tal como te conoces. Es igual que si nunca te has vestido con kilt y te ves con la falda puesta en las fotos de una boda escocesa. Pues te ves raro, claro. Pero para los demás, así es como suenas. Así que mejor olvídalo, porque además te oirás muchas más veces desde dentro que desde fuera. También puede llamarte la atención lo monótono de tu voz: cuando te ves grabado frente a una audiencia te das cuenta de que puedes sonar como el responsable de la comisión de planificación quinquenal de la industria automovilista soviética. Es muy fácil de arreglar, pero no te das cuenta hasta que te oyes desde fuera.

Si el movimiento de las propias manos te llama la atención cuando te ves grabado, es porque te puede parecer que las mueves demasiado. Nada más lejos de la realidad, porque las manos son tu mejor ayuda audiovisual. Es casi imposible que las muevas tanto que llamen la atención – siempre que no dibujen movimientos repetitivos. Aun así, me he encontrado a presentadores a los que habían certificado que parecían un molino de viento, con lo que se autocensuraban el movimiento igual que un zurdo se volvía loco intentando escribir con la derecha a mediados de siglo pasado. Si te han dicho que las mueves mucho, mejor no hagas caso y sigue usándolas: es probable que sea uno de tus mejores activos al hablar en público.

Si te puedes ver grabado y te sientes raro con tu voz o con tus manos, no te azotes. Es normal, y seguro que tienes otras cuantas cosas de las que arrepentirte de verdad que no tienen que ver con hablar en público.