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No te azotes


Esta Semana Santa habrás visto unas cuantas procesiones en directo, o por televisión. Los costaleros sufren bajo el peso de las imágenes del paso y los disciplinantes de la cofradía se azotan, buscando la redención. Es mucho mejor no hacer cosas de las que te tengas que arrepentir después, en vez de hacerlas y luego pasarlo mal sufriendo para redimirte. Pero la mayoría tendemos a juzgarnos con más severidad de lo que lo hacen los demás, así que siempre tenemos una cuenta pendiente.

Por eso, cuando la gente se ve grabada hablando en público, tiende a decir que lo ha hecho todo fatal. En realidad, todos hacemos algo muy bien o por lo menos mejor que la media. Lo que tenemos que hacer es buscar ese algo para tener un principio sobre el que sentirnos seguros, olvidando el castigo al que nos sometemos a nosotros mismos y centrándonos en mejorar una cosa cada vez.

Tan solo el 5% de los presentadores empiezan su autoevaluación diciendo lo que creen que han hecho bien. El resto, aunque se lo preguntes, no lo encuentra, y se machaca con todo lo que cree que hace mal. Las dos áreas de la actuación propia que acaparan más comentarios negativos espontáneos son el sonido de la voz, y el movimiento de las manos. El resto de lo que puede ir mal relativo al estilo al presentar no se intuye, sino que se aprende a identificar.

El sonido de la voz es lo primero que llama la atención si nunca te has visto presentando, porque te suenas diferente. Tu caja de resonancia es la cabeza, y te oyes a ti mismo con la voz filtrada por el sonido interior que solo oyes tú. Cuando te oyes sin el filtro, no te gustas porque no eres tú tal como te conoces. Es igual que si nunca te has vestido con kilt y te ves con la falda puesta en las fotos de una boda escocesa. Pues te ves raro, claro. Pero para los demás, así es como suenas. Así que mejor olvídalo, porque además te oirás muchas más veces desde dentro que desde fuera. También puede llamarte la atención lo monótono de tu voz: cuando te ves grabado frente a una audiencia te das cuenta de que puedes sonar como el responsable de la comisión de planificación quinquenal de la industria automovilista soviética. Es muy fácil de arreglar, pero no te das cuenta hasta que te oyes desde fuera.

Si el movimiento de las propias manos te llama la atención cuando te ves grabado, es porque te puede parecer que las mueves demasiado. Nada más lejos de la realidad, porque las manos son tu mejor ayuda audiovisual. Es casi imposible que las muevas tanto que llamen la atención – siempre que no dibujen movimientos repetitivos. Aun así, me he encontrado a presentadores a los que habían certificado que parecían un molino de viento, con lo que se autocensuraban el movimiento igual que un zurdo se volvía loco intentando escribir con la derecha a mediados de siglo pasado. Si te han dicho que las mueves mucho, mejor no hagas caso y sigue usándolas: es probable que sea uno de tus mejores activos al hablar en público.

Si te puedes ver grabado y te sientes raro con tu voz o con tus manos, no te azotes. Es normal, y seguro que tienes otras cuantas cosas de las que arrepentirte de verdad que no tienen que ver con hablar en público.


Tres cosas que nunca debes decir al hablar en público: 1


Seguro que has oído decir estas tres cosas muchas veces en las presentaciones a las que has asistido. Las tres son mortales de necesidad para tu reputación como ponente, así que sigue leyendo para evitarlas siempre.

La primera, que suele decirse al comienzo, aunque también la he oído hacia la mitad de la presentación:

“BUENO, ESTOY UN POCO NERVIOSO, ESPERO QUE ME SEPÁIS DISCULPAR”.

¿Por qué se hace esta declaración, con petición de clemencia incluida, que te deja tan a ras de suelo como ponente? Porque piensas que si les abres tu corazón y les confiesas que te dan miedo, se van a apiadar de ti y ya no van a pensar que lo has hecho fatal, que es lo que realmente temes. Cuando crees que la audiencia te ha visto hacer el ridículo, pierdes autoestima, y eso es una agresión psicológica que prefieres evitar.

Si caes en la tentación de solicitar la benevolencia de tu público, vas a sufrir tres consecuencias:

1. Vas a perder toda tu autoridad como ponente. ¿Cómo vas a creerte lo que diga alguien que está tan poco seguro de lo que dice?

2. Te vas a poner más nervioso, porque vas a estar pensando que ya no te respetan. En vez de ser el rey del escenario, vas a ser un experimento.

3. Si tu objetivo era convencerles de algo, puedes ir pensando en tu próxima oportunidad con otra audiencia, porque a esta la has perdido.

Lo que consigues al decir que estás nervioso es poner al auditorio en tensión. Estarán concentrados en tu actuación en vez de en tu mensaje, será como ir a la función de navidad de su hijo pequeño: no importa lo que le toque hacer, sino cómo lo hace y si llega al final sin equivocarse. Sólo se van a acordar de que eras un manojo de nervios, porque se lo confesaste.

En realidad, tan sólo se nota el 10% de los nervios que crees que tienes. Piensa en esto la próxima vez que se te esté ocurriendo decirle a alguien que estás nervioso.


La importancia del cuarto de baño


¿Qué hacer los diez minutos anteriores a tu presentación? Probablemente estés algo nervioso, lo cual es excelente para poder mostrar todo tu entusiasmo y no aburrir a la audiencia.

Pero la frontera entre estar entusiasmado y estar nervioso es tenue. Para que no te tiemblen ni la voz ni las manos, sigue estos pasos sencillos.

Cuando queden 10 minutos para que entres en acción, desaparece. Es importante que puedas estar contigo mismo, para poder concentrarte en visualizar cómo lo vas a hacer de bien. Y no hay mejor sitio que el cuarto de baño. Si está concurrido, métete en uno de los retretes, no dentro porque seguro que tan nervioso no estás, sino en el cuarto que lo alberga.

Mírate al espejo, y asegúrate de que tienes la corbata bien ajustada, la chaqueta o el vestido bien colocado, que no tienes manchas de café en la camisa ni zapatos desatados, y date esa última pasada de lápiz de labios. Tienes la pinta de un o de una profesional, ¡bien!

A continuación, recupera tu sonrisa. Cuando estás tenso, los músculos de la cara también están tensos, y desaparece tu expresión y tu sonrisa. La sonrisa es fundamental al presentar, porque transmite que te cae bien tu audiencia, y que disfrutas con lo que les estás contando. A la gente le gusta la gente a la que le gusta la gente. Para volver a sonreír, márcate una sonrisa gigante, como las de Joker en Batman, y mantenla en el espejo durante 10 segundos, arqueando y desarqueando las cejas. A continuación, arruga la cara entera, cerrando los ojos con fuerza y poniendo morros, durante otros 10 segundos. Repite el ciclo tres veces.

El siguiente paso consiste en respirar hondo, desde el abdomen. Coge aire lentamente contando hasta cinco, y suéltalo contando también hasta cinco. Mientras sueltas el aire, pronuncia una palabra que te haga sentir bien y te tranquilice. Por ejemplo, suave, seguro, tranquilo, paz, relajado, calmado, o sereno. Repite cinco veces este proceso, cogiendo y echando el aire despacio. Tu ritmo cardiaco se ralentizará y canalizarás la adrenalina hacia hacerlo muy bien, no hacia defenderte de un peligro que no existe.

Ahora visualiza los tres primeros minutos de tu presentación. Imagínate con todo detalle cómo subes al escenario con paso firme, cómo dedicas una gran sonrisa a tu público, haces una pausa, y empiezas a hablar con la apertura que te has preparado tan bien. La audiencia está encantada contigo, les ves con caras de expectación y deseando ver cómo triunfas.

Ya puedes salir del cuarto de baño, tampoco quieres que piensen que te ha dado algo ahí dentro.

Lo más importante que puedes hacer ahora es saludar a todos los miembros de tu audiencia con los que te cruces. Es mucho más fácil hablar a conocidos que a caras transparentes que podrían ser fotografías.

Estás listo. Ya sólo queda disfrutar de tu presentación. Y cuando acabes, vete otra vez al baño a darte a ti mismo unas palmaditas…


La manera más segura de enfrentarte a tu audiencia


Pregunta de alguien en tu audiencia al terminar tu presentación: “Tengo una pregunta sobre lo que has dicho de que el ciervo puede llegar a ser el mejor amigo del hombre. ¿De dónde has sacado esa información? Mi experiencia con estos animales es que son tremendamente egoístas, al contrario de lo que puede ser un perro. Una vez estaba compartiendo un helado con uno y me quiso atizar con la cornamenta, claramente para comérselo entero. Así que no estoy nada de acuerdo con lo que has dicho”.

Tu respuesta: “Creo que no tienes razón. Yo les he visto en infinidad de situaciones, y siempre han respondido como si fueran humanos ayudándote”.

Tu contrincante, antes un componente de tu audiencia: “Pues perdóname pero estás equivocado, y te lo demuestro cuando quieras en el zoo”.

Tu respuesta: “Me parece que no tienes la información adecuada…”

Estás creando un debate dialéctico, en el que una parte dice sí y la otra no. Esto no va a ayudarte nada a que la audiencia te recuerde como un experto. Incluso si das suficientes argumentos, y sabes que tienes razón por tu experiencia en el tema, te van a recordar como un ponente que se ha dejado arrinconar en un debate. Estas luchas verbales pueden genera mucha tensión en tu audiencia, que no ha ido a tu presentación a verte pelear. Y si el que te pregunta tiene la respuesta correcta, entonces peor aún.

¿Cómo manejar estas situaciones?

Deja que la audiencia exponga sus opiniones, y no quieras tener razón intentando aplanar al que te pregunta. Es la mejor manera de que no participe nadie.

Incluso si alguien expone un punto de vista realmente extraño, agradece su participación, di que es un punto de vista interesante, y declara que todo el mundo tiene derecho a su propia opinión.

Si el que pregunta está siendo ofensivo, deja que el resto de la audiencia se encargue de él, por ejemplo preguntando: ”¿qué os parece la opinión que ha expuesto nuestro amigo Juan?” Le van a poner en su sitio por ti. La gente evita las situaciones tensas e intenta eliminarlas cuando se las encuentra.

Siempre aprendes algo nuevo hablando en público, incluso de los enemigos de los ciervos.


No seas pedorro presentando


A la hora de hablar en público podemos distinguir entre dos grupos amplios de presentadores. Por un lado está la gente normal, que habla igual que habla en su casa, evitando palabras malsonantes si en casa las usa, y adaptando el nivel de los términos utilizados en la presentación al nivel de conocimiento de la audiencia.

Para conseguirlo sólo hay que hacer dos cosas: ser natural, y asegurarte de que investigas cómo es tu audiencia antes de hablar.

En una ocasión estaba presentando una campaña de inversión en medios publicitarios a la nueva directora de marketing de una compañía multinacional, hablando con toda naturalidad de OTS (Opportunity To See, una manera de expresar la media de veces que tu público objetivo ve tu anuncio en una campaña de publicidad), y manejando otros términos archiconocidos por cualquier director de marketing que se precie. Sobre todo si es de multinacional, claro, que son entrenados más que los hermanos Tonetti.

Al cabo de veinte minutos de hablar de lo fantástica que iba a ser la campaña, la directora de marketing me preguntó tímidamente lo que era un OTS. Y pasó a justificar su pregunta explicándome que había desarrollado su carrera en el departamento de Ventas. Fatal, yo no había investigado lo suficiente a mi audiencia, y había asumido demasiadas cosas.

Así que en esta ocasión yo estaba dentro del segundo grupo de presentadores, los que hablan en pedorro. Los pedorros ni son naturales, ni piensan en que su audiencia no habla como ellos. Si hablan así normalmente, tienen un problema gordo. Si sólo lo hacen al hablar en público, es solucionable: hazles el favor de mandarles este pequeño ensayo.

¿Cómo habla un pedorro? Un ejemplo: “Le manifesté al máximo responsable de la compañía que la acción de marketing que tenemos intención de implementar tiene un componente de músculo comercial importante.” Traducción del pedorro al español: “le dije al director general que con el plan vamos a conseguir vender mucho”.

Más terminología pedorra:

“Le comenté que eran las cinco”. Comentar, según el diccionario de la RAE, es explanar, declarar el contenido de un escrito, para que se entienda con más facilidad. Traducción: “le dije que eran las cinco”.

“Vamos a escalar este asunto a los ingleses”. Traducción: “nos vamos a chivar a los ingleses”.

“Te voy a compartir este documento y tú lo cascadeas” Traducción: “Te voy a pasar este documento y tú se lo mandas a los de abajo”.

“Necesitamos una visión holística del problema”. Traducción: “no tengo ni idea de cómo resolver el problema, así que voy a darle unas vueltas”.

“El capital humano de esta compañía”. Traducción: “los empleados”.

“Lo estamos haciendo en tiempo real”. Traducción: “lo estamos haciendo ahora mismo”.

“Tenemos que diseñar una hoja de ruta para este proyecto”. Hoja de ruta es una traducción periodística de la expresión utilizada por la diplomacia estadounidense para referirse a planes de resolución de conflictos. El idioma pedorro está lleno de estas traducciones del inglés. Traducción: “Necesitamos un plan”

“Está reunido”: quiere decir que está durmiendo, o reunido consigo mismo, porque para estar reunido hay que estarlo con alguien. Traducción: “está en una reunión”.

“Esto es una solución güin-güin”. A lo mejor unos cuántos en tu audiencia no saben inglés. Traducción: “ganamos todos”.

“No se encuentra”: tal vez tenga un problema de identidad. Traducción: “no sé dónde está”.

¿Y por qué se habla en pedorro? En mi opinión, basada tan sólo en la reflexión comparativa, es un caso parecido al de los adolescentes que se esfuerzan por insertar una palabrota por cada cinco palabras normales. Ellos lo hacen para mantener o aumentar su estatus en el grupo de referencia. Cuanto peor hablas, más machote eres. En el caso de las presentaciones, el pedorro piensa erróneamente que cuantas más palabras en pedorro utilice, más sofisticado aparecerá ante su audiencia, y por tanto más poderoso.

¿Cómo solucionarlo? Si te has dado cuenta de que hablas en pedorro, escribe en el margen izquierdo de tus notas de la presentación iconos que te recuerden que no debes decir palabras en pedorro. Por ejemplo, escribe la frase “poner encima de la mesa” dentro del dibujo de una señal de prohibido, y debajo la traducción al español: “hablar de”.

Es fácil de conseguir, tu audiencia entenderá todo lo que digas, y recordarán mucho mejor tu mensaje.

Si tienes más palabras en pedorro, por favor enriquece este texto con tus comentarios.


Cómo hacer el brindis de Navidad


Este año te toca hablar en público en la cena de Nochebuena, fijo. Y si no te toca, no puedes desaprovechar la oportunidad de hacerlo. Tu caché familiar aumentará 129 puntos, te harás más simpático aún, y notarás que tus regalos de reyes pasarán de la cartera de polipiel o del paraguas marca paraguas a esos que sólo se hacen a la pareja o a tu madre.

Lo más fácil es marcarte un brindis. Cuando llegue el momento, tu audiencia estará en modo de imposibilidad de detección de fallos, así que no tendrás nada de qué preocuparte.

Los brindis son sencillos porque tienes la atención de tu audiencia asegurada: ocupan poco tiempo, casi todo el mundo está buen humor, y suele ser gente conocida que te aprecia. La mayoría se desperdician como ocasión de hacer llegar un mensaje que sea relevante en las vidas de tus compañeros de mesa, y suelen acabar en algo graciosillo, o a lo peor aburrido y para cumplir.

AQUÍ TIENES LA ESTRUCTURA PARA TRIUNFAR ESTE AÑO:

1. Empieza con algo que atrape su atención, relacionado con las fiestas.

2. Después diles cómo se relaciona con ellos.

3. A continuación cuéntales cómo ha sido el año para todos, resaltando lo bueno y quitando importancia a lo menos bueno. Y tienes que introducir un toque de humor, claro, es la época para hacer el tonto.

4. Cierra con lo mismo con lo que has empezado.

POR EJEMPLO:

1. “¿Os habéis fijado cómo todo el mundo sonríe en Navidad?” (atrapa su atención).

2. “Yo llevo toda la cena sonriendo como un payaso porque estoy con vosotros, mi familia favorita” (cómo se relaciona con ellos).

3. “Este año hemos visto cómo la familia aumentaba en dos – aplausos para los padres -, pero se mantenía en peso porque Dorita ha perdido 20 kilos con su régimen, enhorabuena Dorita – aplausos para Dorita – Además, Genaro ha aprobado todas menos una, Cómo Conseguir Novia, pero estoy seguro de que en la repesca tendrá un sobresaliente – aplausos para Genaro” (cómo ha sido el año para todos).

4. “Y ahora levanto mi copa para que sigamos con la misma sonrisa durante todo el año que viene” (cierra con lo mismo con lo que has empezado).

Así que aprovecha la ocasión, anima los postres, y no se te ocurra decir nada parecido a feliz navidad y próspero año nuevo, porque no se acordará de ti ni el paje de Melchor.


Esa presentación inesperada


Llevas poco tiempo en la compañía, te llevas bien con tu jefe, y estás metido de lleno en un proyecto que cuesta una pasta y que va a suponer, si sale bien, un cambio gordo en la empresa. En el equipo del proyecto hay diez personas y tú eres el más joven, así que más bien estás en ello para aprender. Cada semana notas mejoras en tu rendimiento y en lo que aportas al equipo. Aunque participas mucho, hay otros que dirigen, y tú les sigues.

Te han invitado a la reunión en la que se va a explicar a los ingleses el trabajo que se ha realizado hasta la fecha. Los ingleses son los guiris, los jefes de todos los jefes, los que llegan, ven presentaciones, hacen preguntas difíciles porque son los dueños de la pasta, y comen jamón.

La reunión es en la sala de presidencia y están todos los que cortan el bacalao en la compañía. Tú estás relajado porque no te toca decir nada, eres el último de la fila y nadie se va a fijar el ti. Te lo estás pasando pipa viendo volar los cuchillos.

De pronto, cuando estás despistado pensando en el posible aumento salarial que seguro te va a caer, tu jefe se vuelve hacia ti y te dice al oído: “Juan, cuando acabe de hablar el financiero, les cuentas cómo empezó el proyecto en la oficina de Barcelona”.

El corazón se te pone a 200, tus glándulas sudoríparas se abren como las de un escalador en una pared vertical, te entra el baile de San Vito, y la mente se te pone en blanco Ariel. Quedan tres minutos de intervención del financiero, y tienes que  hablar delante del presidente mundial y del local. Como la fastidies, esta será la última vez que estés en esta sala.

Pero no hay nada de qué preocuparse, es una oportunidad única de brillar. Seguro que te lo sabes, de otro modo no te habrían preguntado, ¿no? Tienes tres minutos, y los nervios se dominan en esta situación así:

Minuto 1: haz un mapa mental. Descarga en un papel todo lo que tengas en la cabeza sobre el proyecto. Por ejemplo, presupuesto limitado, personal de la oficina ha sido fantástico, esa idea que tuvisteis en la semana dos que redujo el tiempo de puesta en marcha a la mitad, y posibilidades de comunicarlo a los medios.

Minuto 2: selecciona las ideas clave y organízalas en forma de apartados1-2-3, de secuencia temporal, de pros y contras, o de efectos y causas.

Minuto 3: relájate. ¡Piensa en la gran oportunidad que te ha caído encima de casualidad y en la suerte que tienes!

Ahora déjales de piedra con tu seguridad. Empieza agradeciendo la oportunidad y diciendo que estás encantado de poder contárselo. Después presenta el contenido usando tu mapa mental a modo de notas, describiendo los apartados en la secuencia que te hayas preparado. Al final dales la idea clave con la que te gustaría que se quedaran, y cómo va contribuir a mejorar la compañía. Cierra ofreciéndote para responder a preguntas.

Busca todas las oportunidades que puedas para hablar en público, y cuando no te toque, ponte a tiro por si acaso tienes suerte y te cae una presentación inesperada. Es justo al revés de cómo piensa la mayoría, así que si quieres destacar usando tus habilidades de hablar en público, no te va a ser difícil.


CÓMO MEJORAR EL DISCURSO DEL REY EN NOCHEBUENA


Si ordenamos las presentaciones que hemos visto durante el año de más aburrida a más entretenida, probablemente el discurso del Rey en la tele cuando estamos todos poniéndonos hasta arriba de marisco, pavo o/y cordero, tenga el dudoso honor de estar entre los tres primeros.

Hay que concederle una cosa, y es que transmite confianza. Siempre podemos estar seguros de que nos va a hablar de cosas con las que todos estamos de acuerdo. La familia, el gran país que somos, el dinamismo que tenemos, lo que nos une, construir una sociedad más justa, acabar con los malos, y superar los baches comunes.

Pero no logra pasar de las posiciones de cola en nuestro orden de presentadores que nos cautivan. Aquí van tres consejos dirigidos a la Casa Real para mejorar en el ranking.

EL MOMENTO

Imagina que vas a presentar en un congreso de expertos en tu profesión. Es el jueves y el viernes, y a ti te toca hablar el viernes a las cuatro de la tarde, justo antes de que todo el mundo se despida y se vaya al aeropuerto. ¿Crees que alguien va a tener muchas ganas de escucharte? Si va tu madre, habrá por lo menos una persona que sí. El resto te prestará bastante poca atención, con lo que tendrás que prepararte realmente bien para entretenerles.

El Rey nos habla en un momento fin de congreso viernes por la tarde, cuando todos estamos pensando y haciendo otras cosas. Además, es un mensaje repetido todos los años a la misma hora, es predecible. Seguro que si hablara hoy por la noche, tendría audiencias record.

La sugerencia es cambiar la hora a justo antes de que la gente empiece a irse de casa para cenar, a eso de las seis – siete de la tarde. Así, incluso se podría comentar el discurso a modo de romper el hielo al llegar a casa de la cuñada.

LA VOZ

Seamos francos, Don Juan Carlos no tiene la voz de Frank Sinatra. Es muy agradable, pero no engancha. La razón es la falta de inflexión. La inflexión de la voz se compone de tres elementos: la velocidad, el volumen, y el tono.

Para ser atractivo como presentador, hay que variar los tres componentes durante el discurso. Es necesario subir y bajar el volumen, acelerar y ralentizar, y cambiar el tono, para enfatizar puntos que queramos destacar. Un monstruo en hacer todo esto es Hugo Chávez, otra cosa es que te guste el contenido. Igual ahora que son amigos de nuevo el Rey y él, pueden intercambiar impresiones sobre cómo mejorar la voz para Nochebuena.

CROMOS

Para hacer un discurso interesante, hay que sacar cromos cada seis minutos mínimo. Si no, la audiencia desconecta. Tiene otras mil cosas en que pensar antes que en tu presentación.
 
Cromos son ejemplos, historias, citas, enseñar objetos, incluso chistes. Imagínate que el Rey nos cuenta que se dio un porrazo al resbalar en el hielo saliendo de casa, para ilustrar que ha sido un buen año en general pero con sus cosas malas también. Tendría un pico de audiencia inmediato que ni la selección de fútbol. Se puede hacer, siempre manteniendo la necesaria formalidad.

Con estos tres sencillos consejos, estamos seguros de que en Nochebuena el Rey será casi tan apreciado como Santa Claus.


En blanco hablando en público


Me he quedado en blanco. Estoy hablando delante de 50 personas y se me ha olvidado por dónde iba. Ahora el que se está poniendo blanco soy yo. Estoy haciendo el ridi pero bien. Más de uno se ha visto en esta situación en público y más de una vez. Pero no hay nada de qué preocuparse. Es fácil salir de esta. No es malo perder el hilo, es de lo más normal. A todo el mundo le pasa alguna vez. Y tu audiencia no se va a acordar de ello, pero sí se van a acordar si, en vez de tomártelo con calma, te pones muy nervioso pensando en lo panoli que eres. No te castigues, y arréglalo.

Aquí tienes la solución:

Primero acuérdate de sonreír. Sonriendo te burlas ligeramente de ti mismo, cosa que tu audiencia va a saber apreciar, respaldándote en masa. Después pregúntales por dónde ibas. ¡Estarán encantados de ayudarte!

Si estás utilizando notas, en papel o audiovisuales, échales un ojo para centrarte. Para esto es clave tener unas notas escritas idea a idea, no palabra por palabra. Una vez retomada mentalmente la línea de la presentación, haz una pausa intencionada: esto te hará parecer un experto, al que no le desmoraliza un pequeño lapsus como este.

Y si eres de los que prefieren no usar notas al presentar, puedes hacer al menos tres cosas:

- Estructura lo que tienes en mente de manera que te sea fácil de recordar. Por ejemplo en secuencia de tiempos (el proyecto comenzó en febrero con la aprobación de los planos, en marzo estaba puesta la primera piedra y en agosto teníamos la fachada lista). También puedes usar pros y contras, o comparaciones y contraste, o efecto – causa – remedio. Cualquier estructura que te haga fácil recordar el contenido.

- Practica al menos seis veces la duración de la presentación, sin notas. Esto hará que la secuencia fluya en tu mente. Igual que cuando cuentas mil veces esa historia que te pasó cuando tus padres se olvidaron de ti en la gasolinera, tu presentación se convertirá en parte de tus recuerdos inmediatos, y la aderezarás con más historias y ejemplos de los que tenías preparados.

- Sitúa los puntos clave de tu presentación distribuidos por la sala. Por ejemplo, si vas a hablar de la herramienta de análisis de tu agencia, coloca mentalmente cada punto en una esquina de la sala. Al fondo a la derecha, donde está la puerta, está cómo se puso en marcha la herramienta. En la ventana está el desarrollo que va a hacer que el negocio del cliente vuele. Donde está esa horrible planta artificial está la competencia. Y donde están los bollos para el descanso está lo fácil que es ponerla en marcha.

Seguro que no te preocupa olvidar lo que ibas a decir cuando hablas con tus amigos. Simplemente dices que se te ha ido la olla. Prueba a decir lo mismo la próxima vez que te quedes en blanco hablando en público.


De los antepasados y los osos


Hace montones de años algunos de nuestros antepasados vivían en cuevas. Si la cueva no estaba muy poblada, es decir si había unos cuantos menos que en las historias de J.M Auel, de vez en cuando aparecía en la boca de la cueva un oso monstruoso que hacía enanos a los de osos de Kodiak de hoy. Si te había tocado hacer guardia, inmediatamente y si te quedaba voz te ponías a gritar, claro, para ver si se iba y para que viniera alguien más a ayudarte a reducir la probabilidad de que te comiera a ti. Al mismo tiempo que estos signos visibles ocurrían, dentro de nuestro antepasado se ponía en marcha el sistema nervioso simpático para prepararle para la acción. Lo primero que hace el simpático es estimular la producción de adrenalina en las glándulas suprarrenales. La adrenalina hace que las pupilas se dilaten para ver mejor el peligro, y acelera el corazón para bombear más sangre donde más la necesitamos en ese momento: en el cerebro para pensar más rápido, y en los pulmones para tener suficiente oxígeno para quemar. También se dilatan los bronquios para proporcionar más oxígeno a la sangre. La circulación periférica se reduce con vistas a regar esos órganos de manera más eficiente. En instantes, nuestro antepasado se colocaba en situación de lo que los anglosajones denominan “fight or flight”, es decir “pelea o sal volando”.

Aunque hoy es difícil que un oso intente comernos, seguimos teniendo la misma reacción ante la percepción de peligro.

Cuando presentamos, percibimos un peligro que no es físico. Raras veces la audiencia te quiere comer, a no ser que te vayas a hablar a las selvas de Papúa Nueva Guinea de cuánto nos gustaría a los que vivimos en el primer mundo volver a la comunión con la naturaleza. El peligro que creemos que existe es psicológico: tenemos miedo de perder nuestra autoestima. Si te sale mal la presentación, si crees que van a percibir tu nerviosismo, que van a pensar que no vales para esto, que lo has hecho fatal, entonces lo vas a pasar realmente mal. Cuando acabes la presentación vas a estar hecho polvo y te va a costar recuperarte. Nada de eso que te piensas ocurre en realidad, claro, son tus percepciones jugándote una mala pasada. La audiencia casi siempre está de tu lado y quiere que lo hagas bien.

Así que la próxima vez que estés muy nervioso pensando en tu próxima presentación, piensa en que es tu organismo jugándote una mala pasada instintiva. Te está poniendo en guardia para luchar contra un peligro, porque no creo que se te ocurra salir corriendo de la sala donde estás haciendo tu presentación. Y utilízalo a tu favor, para estar entusiasmado cuando hables. ¿A que no has visto un solo presentador que te haya parecido excelente y que se estuviera aburriendo al hablar?

La buena noticia es que, después de un rato, y siempre que el oso no te haya comido, entra en funcionamiento el sistema nervioso parasimpático, que tiene la misión de generar un estado de relajación después de la tensión. De otro modo podríamos estar permanentemente excitados y durar mucho menos a causa del desgaste, igual que el motor un coche que no parara nunca.

¡Ánimo y a por la siguiente presentación!